Canadá y la Unión Europea lanzan una alianza para acercarse como nunca, sin una adhesión al bloque
La cumbre de Montreal abrió una nueva etapa de cooperación comercial, tecnológica y de seguridad. La asociación más estrecha todavía debe definirse: Canadá no se convirtió en miembro de la UE.

Canadá y la Unión Europea lanzaron una Alianza para el Futuro al cerrar su cumbre de Montreal del 29 y 30 de octubre. Mark Carney, António Costa y Ursula von der Leyen acordaron profundizar sus vínculos económicos, tecnológicos y políticos. El Consejo Europeo informó que ambas partes buscarán definir una asociación más estrecha para la cumbre de 2027, expresamente sin llegar a la membresía plena de Canadá en la UE. Es el comienzo de una negociación institucional, no una adhesión canadiense al bloque.
La agenda comprende comercio y regulación, tecnologías digitales e investigación, recursos críticos y energía, servicios financieros, seguridad y vínculos entre las personas. Los líderes comunicaron la conclusión de negociaciones sustantivas sobre comercio digital, una instancia distinta de la entrada en vigor del acuerdo. También plantearon profundizar la cooperación en inteligencia artificial, semiconductores y comunicaciones. La seguridad económica aparece así vinculada con las cadenas de suministro y con el desarrollo de capacidades tecnológicas.
En su conferencia de cierre, Costa defendió una cooperación capaz de reducir barreras e impulsar inversión, investigación y formación. Mencionó una nueva asociación de movilidad juvenil y una cooperación industrial de defensa más intensa, incluida la participación canadiense en el instrumento europeo SAFE. El presidente del Consejo Europeo presentó esas iniciativas como formas de acercar las economías y las instituciones; su aplicación requerirá instrumentos específicos. La cumbre no habilita automáticamente a trabajar o estudiar sin requisitos en ambos territorios.
El acercamiento se apoya en una relación comercial existente. Según el Consejo Europeo, el intercambio de bienes y servicios alcanzó aproximadamente 130.000 millones de euros en 2025 y creció más de 80% frente a 2016. El acuerdo CETA se aplica de forma provisional desde 2017. La nueva alianza busca ampliar esa base hacia sectores como minerales críticos y tecnologías limpias, en lugar de comenzar una relación desde cero. Para los dos socios, la asociación conecta acceso a mercados, inversión y cooperación política en una misma estrategia.
Análisis de Latitud Actual
El movimiento tiene una lectura de poder: comerciar más y compartir capacidades puede reducir dependencias, pero exige algo más que afinidad diplomática. Nuestra opinión es que el aspecto decisivo será quién invierte, qué infraestructura se construye y qué reglas sobreviven a los cambios de gobierno. Una alianza que reúna energía, minerales y tecnología puede ser importante si permite planificar; su ambición institucional no reemplaza esa prueba material.
Para la Argentina, la pregunta es cómo participar de un mundo donde vender recursos y desarrollar conocimiento forman parte de la misma discusión. Limitarse al papel de proveedor dejaría fuera buena parte del valor posible. Una estrategia propia debería combinar producción con investigación, capacidades industriales y exigencias ambientales. El vínculo entre Canadá y Europa no ofrece una receta automática, pero sí muestra por qué la política comercial necesita una mirada de largo plazo.
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