La NASA busca opciones para prolongar la vida del Hubble antes de que pierda su órbita
La agencia abrió una consulta a la industria sobre una posible misión de mantenimiento o elevación orbital. Es una evaluación de capacidades, no una misión contratada ni una reparación ya programada.

La NASA informó el 30 de octubre que abrió una consulta a la industria para explorar servicios espaciales capaces de prolongar la vida del telescopio Hubble. El pedido de información, emitido el día anterior, contempla elevar su órbita, mejorar sus capacidades mediante mantenimiento o gestionar su retirada segura cuando termine la misión. La agencia todavía no eligió una empresa ni anunció un contrato: está evaluando qué alternativas puede ofrecer la industria.
El rozamiento atmosférico reduce gradualmente la altura del observatorio, que no tiene un sistema de propulsión para sostener su propia órbita. Los análisis de la NASA sitúan una posible reentrada en 2033 o 2034 y consideran que una intervención debería realizarse antes de 2032. Son proyecciones, no fechas definitivas. Las respuestas a la consulta se recibirán hasta el 30 de noviembre de 2026. La operación que eventualmente se evalúe deberá resolver tanto la utilidad científica como el destino seguro del telescopio.
Hubble fue desplegado por el transbordador Discovery en 1990 y se diseñó para recibir reparaciones y actualizaciones en el espacio. Cinco visitas de astronautas permitieron reemplazar instrumentos y componentes envejecidos. Su historia ilustra una diferencia importante respecto de otros equipos: el observatorio no permaneció idéntico desde su lanzamiento, sino que amplió sus capacidades mediante sucesivas intervenciones. La nueva consulta incorpora a esa discusión el desarrollo de servicios comerciales para trabajar sobre satélites en órbita.
El telescopio observa desde el ultravioleta hasta el infrarrojo cercano, incluido el espectro visible. Según la documentación de la misión, sus observaciones han permitido estudiar objetos del sistema solar, regiones de formación estelar, atmósferas de exoplanetas y galaxias lejanas. Su producción reúne más de 23.000 trabajos científicos revisados por pares. Ese patrimonio explica el interés por conservar su actividad: el valor de un observatorio incluye nuevas observaciones y la posibilidad de relacionarlas con mediciones acumuladas durante décadas. La decisión sobre su futuro combina esa capacidad científica con una cuestión concreta de ingeniería orbital.
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Reparar también puede ser innovar. Nuestra opinión es que prolongar una herramienta científica útil merece una evaluación tan seria como construir su reemplazo: importan la calidad de las observaciones, la seguridad y el costo de oportunidad. El argumento a favor de Hubble debería apoyarse en el conocimiento que todavía puede producir, no únicamente en las imágenes que hicieron famoso su nombre.
La consulta también plantea una prueba para los servicios comerciales en el espacio. Si pueden conservar infraestructura valiosa de forma segura, amplían las opciones de la investigación pública. Pero un proyecto de ese tipo necesita responsabilidades claras, supervisión y una comparación transparente con otros usos del presupuesto. Preservar una misión y financiar nuevas preguntas no deberían convertirse en consignas enfrentadas: ambas decisiones requieren prioridades científicas explícitas.
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